Un espacio para el día internacional del Yoga

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Hoy está abierta la clase, es el día internacional del Yoga.

Quiero compartir con vosotros mi vivencia del Yoga.

El Yoga, cómo ahora lo puedo estar percibiendo, como muchas otras cosas que se hacen a través de un intermediario, que te enseña y te acompaña, y que requieren de un introducirte en una esterilla, y en una práctica, me doy cuenta que el espacio de Yoga realmente comienza en la vivencia particular.

Acudir a la práctica de Yoga me está tomando la oportunidad de percibir en variadas perspectivas. Una de las perpectivas puedo tomarla desde la búsqueda de respuestas en el intermediario, en la habilidad que consigo dentro de la esterilla, y en el remover todo mi espacio y dedicar mi energía a hacer estable mi creencia de que hago Yoga. Esta perspectiva es una de otras más. También, la perspectiva desde donde vengo observando, y que se me hace más amplia, es la vivencia del Yoga. Esto no trata de incorporar la idea que tengo de Yoga, sino vivirlo. Tomar la decisión de abrirme al proceso. Observar las preguntas que se me abren al vivenciar el Yoga desde donde estoy presente, justo y donde y cómo estoy. Eso toma de forma muy particular y real para mí.

Esta perspectiva tiene mucho del espacio que se puede ver en la película Arrival La llegada. Recuerdas el espacio que se habilita para la comunicación entre los humanos y los heptápodos? La comunicación que se habilita en el momento va afectando a la vida del humano. De alguna forma, a mi manera, hace tiempo que tomé la decisión de poner un espacio habilitado así en mi habitat humano. Por eso, desde donde se me está abordando el yoga, es un espacio que se me sigue habilitando, está vivo. Es un nuevo espacio, como un habitat biológico de la comunicación, que se ofrece al implicarme. En un dibujo, tal y como ves en mi ilustración, es la decisión consciente y a posta de integrar geometrías y trazos en la ilustración junto a otros componentes artísticos. Dedicar la habilidad del lápiz a integrar trazos geométricos. Nuevos trazos, con una energía redirigida, que abre un proceso para integrar la diversidad y el viaje del sentir que se ofrece. Eso mismo me ofrece a mí, en un mismo input, y en una naturaleza espacio temporal multidimensional, una afectación en mi habitat humano, que observo como testigo en mi incorporalidad.

El Yoga, entre otras muchas cosas, tiene que ver con comunicar el cuerpo. Sin embargo, "desde donde" para mí ha hecho el giro indispensable para que esa comunicación sea real y funcional en mí. Cuando se práctica se produce comunicación, pero no solamente entre la mente y el cuerpo, sino que si yo me implico en habilitarme un espacio de comunicación con un origen global y convergente, la percepción se hace mucho más amplia, y se toma una observación de cosas que antes pasaban desapercibidas y las puedes tomar con una nueva lógica.

 

Algunas de mis preguntas cuando comencé la práctica de Yoga fueron el impacto que producía en mí la creencia de que el cuerpo no fuera capaz de procesar esa información física. Lo que no sabía es que mis preguntas iban a habilitarme otros espacios desde donde comunicarme. No era mi cuerpo quién debía procesar una información física nueva. Identificado. Identificado y con la función que al parecer creo que debo hacer estable, resonando en el fondo de mi mente.

Desde el viaje del sentir, la invitación es un entorno más amplio. Es un entorno orgánico. No hay alcance de un estado, se vivencian. Es una oportunidad rica implicarse y colocar un espacio de comunicación para poder ser testigo de toda la diversidad. Lo rico aquí es la integración real. Y eso se hace con elementos reales que conectan.

La implicación en lo que integra, no es llenar el saco de cosas, es implicarse y eso orgánicamente deja ir, aporta función al deshecho, tal cual como hace la Tierra, reconociendo sus potenciales más ricos, todo lo que procesa. No es tanto la postura que consigo, la información física que creo que tendría que estar exponiendo mi cuerpo, por tanto la Tierra. Es todo lo que dejo suelto al elegir bajar a tierra mi implicación. Dejo ir todas las demás cosas que forman parte igualmente de algo, que por legitimidad, está unido. Y ser consciente de eso, y moverme desde ahí, implicándome en eso a posta, es algo que hace la diferencia. Todos los deshechos, todo lo que dejamos fuera de una decisión, lo que separamos de un movimiento a otro, ya no son cosas que limpiamos sin más, y que tratamos de llenar una y otra vez, se convierten en la verdadera joya, porque tienen una función en nuestra vida. Elementos como voces internas, creencias desde donde creo lo que creo, personajes a los que doy energía, ciclos que inicia la mente y que de no ver el cierre desde donde de verdad inicia, porque quizá tiene una limitada perspectiva y no comunica con otro plano de conciencia, tan solo hace un resuene y repite. Esta oportunidad rica crece en vulnerabilidad. Y eso es tan orgánico, que me encanta.

El Yoga no es un estado calmo y estático, conseguido y encontrado, como algo conocido. La mente percibe, y está conectado a un plano de conciencia donde los elementos conectan con una lógica. Aquí su naturaleza es capaz de administrar todas las posibilidades de cualquier cosa, por lo que aquí su naturalidad no es un estado energético de calma, es la vivencia, de como a tí te sucede, de como a tí se te abre, de cómo a tí te muestra realidad. Es la conciencia de lo que te implica.

Es en la decisión de habilitar un espacio y con nuestra honestidad como viaja la vivencia del Yo.

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