Un cuarto para el Amor

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D I A   4 5   - 3 2 0

 

Ahora necesito ponerle alguna frase con diseño, con algo envolvente que te atrape y te mezca como lo hace el agua y los sueños. Se me hace rara ver lo que escribo tan desnudo.

 

Me dije que lo mejor para atraparme, y tener toda mi atención para mí misma, es contenerme en una especie de brillantez que me mueva más y más hacia ello. Y cuando elija cada movimiento lo haga desde ahí. Desde el deseo de contenerla dentro de mí para asegurarme el moverme. Donde no haya más que el deseo de contenerme y envolverme de todo aquello.

 

Y ya no. Ya no me cabe más.

La próxima vez he abierto la boca y he exhalado todas las muertes posibles, todos los renaceres que ya no me atrapan.

 

Ha desaparecido todo. Y la química ha empezado a cambiar. Los caminos que antes percibían se ven de otros mundos. Ha renacido la suerte de entrega, la rabia emitida por no saber más de nada, y saberme en el cruce, en el punto exacto donde puedo ver y verme. El desafío de traducirme este punto de mi historia.

 

 

 

Guardar

De una de mis pieles se ha desprendido la comprensión de que es en el deseo de envolverlo donde me lleva al movimiento. El deseo de ponerle la necesidad me hace moverme.

Había pensado alguna vez de donde me nacía el deseo? La química, tan de este cuerpo que habito y que es el vecino más cercano que tengo? Me había parado a mirar ese punto antes?

 

Supongo que no, porque la puerta de esa posibilidad no estaba tan abierta como ahora.

 

No voy sola en este viaje, voy acompañada. No voy con sed en este viaje, acompañan todas las aguas posibles. No camino sobre tierras movedizas, acompaña una tierra que habita la nada. Por qué entonces he creído que mis pasos nacían para llegar a algo, para escapar de una cosa para llegar a otra, y contenerme entera en ello? Soy la misma, y ya no soy la misma, todo ha cambiado.

 

El punto desde donde me nace lo que me nace ha cambiado.

Ahora veo caderas. Ahora veo caderas.

Espera tengo que gritarlo más. Ahora veo caderas.

Y no grito, como mujer necesitada o limitada por la externalidad que me acompaña para verme, ni tampoco como foco de atención, como El principito habitando la pena y el sufrimiento que le tiene, sino como lo que ves.

Lo ves.

Ves caderas que antes no veías. Ves el habitar, como un habitar desprendido.

 

Y bueno, algo sí, me puse ese peldaño de gritarlo porque he elegido ponerme un espacio ahora para exhalar y soltar. Proporcionarme una fase para el soltar, para dejar que su fase contraria venga a su encuentro. Mejor eso que ponerme a dar de hostias a fantasmas.

 

 

Desprendo así, lazos bien atadas y condicionados a esa química que te hace mover un pie y luego al otro tras el deseo.

 

Es un puente elevador, entre dos mundos.

 

Sabes que vives en un mundo desfasado, donde un lado del mundo hace una cosa y la otra parte del mundo hace lo mismo pero mucho más mascado, necesitando mucho más tiempo para realizar la función que habita ser.

Sabes que habitas un espacio que se tiene, que no te tiene, y que tiene una función única. Servir de traductor de dos partes del mismo mundo. En una parte del mundo sabes que habitas una parte abstracta, energética, invisible y proporciona hacer una cosa, y en la otra parte del mundo, sabes que habitas un cuerpo, una materia, visible que en su desfase proporciona hacer esa misma cosa.

Y, lo ves, te posibilitas verte en ese espacio donde se comunican, ese cuarto que te coloca para todo.

 

Guardar

Lo común de todo esto es el desfase.

Algo que desprende las pequeñas cosas, sutiles a la sensibilidad que vamos habitando.

 

Viajamos a través de desfases, bocanadas de aire de voces, que pareciendo entrecortadas, nos regalan las señales necesarias para saber el camino.

 

Ese camino que sabes que no es recto, ni siquiera sigue una línea visible, palpable, está hecha de peldaños que se interconectan entre sí, sin ver el cómo, pero sí siguiendo su resonancia. Son peldaños que vienen y se van, espacios en blanco, sostenidos por un negro que todo lo acoge. Son peldaños que te llaman para ser vistos, y permitir que te muestren el regalo que llevan por dentro, la sutilidad de las cosas.

 

Vivir para comprender en el desfase que habitamos, que el tiempo se desdobla, que todos los cortes de tiempo que pensamos ver son desfases de grandes trozos abstractos de apertura. En el mientras tanto, veo todo eso al detalle. En el mientras tanto, me transformo en un observador, en un operario del puente elevador que sabe descifrar ese desfase, que tiene la llave y la usa.

 

Que entiende el lenguaje de las puertas, abrir y cerrar, dejando que todo lo que en él contiene, que toda su forma, su cuerpo, su identidad hable el lenguaje de las puertas, abriendo y cerrando.

 

 

 

Aliméntate mujer de la Tierra. Aliméntate de tí misma.

Feliz San Valentín, conexión con nuestro cuarto, un 4 como puente, un 34 como traductor de mundos. “ un buen día para reafirmar nuestro amor”.

 

 

Voy a compartirte un enlace, por si te apetece seguir leyendo y ver la conexión con esas dos hermanas enlazadas.

Puedes atajar por aquí.

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