Sostenida y habitada. Nostalgia y ternura.

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D I A  D E L  A Ñ O  3 2 7

 

Cuando empecé a descubrir que algo dentro de mí, tenía nombre de algo muy diferente a lo inventado, empecé a asustarme. UNO.Supongo que era lo programado en mi biología particular. Y comencé a buscarle la manera de sentirlo que no me asustara. DOS. Supongo que era lo condicionado en esta sociedad particular. Tenía la creencia que eso hiciera que el otro se alejara. TRES. Supongo que es la creencia de que todo lo de fuera puede salpicarme. CUATRO.Porque he debido creerme eso de que pareciera que estamos separados y buscar entonces aquello que me falta.

Tal vez, observar que no me salía describirlo, de la manera que me ayudara a seguir explicándome mi mundo finito, era lo que me producía más miedo. No encontrar la manera de explicar, y seguir en el mismo saco de todo lo que conozco y, así sentir la seguridad que guarda el no renunciar a ella. Todos tenemos miedos que usamos como excusa para seguir alimentando nuestro no movernos hacia algo nuevo, para no renunciar a lo que supondría asumirnos, y renunciar a aquello finito que nos hemos construido. Construyendo fantasías de cambio, que me sugieren que algún día podré lograrlo, si me empeño lo suficiente, pero sin haber asumido realmente el paso que todo lo cambia. Porque la incertidumbre de no saber que va a pasar a continuación, pareciera que no supiera navegarme en ello, y explicar el mundo finito que tengo en mi cabeza, y que yo misma me he construido bajo parámetros inventados.

 

Cuando empecé a descubrir que algo dentro de mí, tenía nombre de algo muy diferente a lo inventado, observé que en los demás se activaban observadores de miedo, vi que se me activaban mis propios observadores de miedo, que cumplen a la perfección la función de asustados. No hay ningún monstruo. Por tanto, eso tenía todo el sentido. El acoger lo que se activa, en el asumir lo que se desencadena, estaba la llave, y sin hacer más que dejar que la vida me transite.

Y en el saberse asumida, conlleva un paso más allá, donde los elementos nuevos de la fórmula aparecen.

 

En el asumir la incertidumbre, de aquello nuevo que aparece,

abre un tránsito que despliega el cauce para ir avanzando y dar un paso real.

 

Por raro que parezca, eso ha hecho que precisamente haya llegado hasta aquí, por lo que el propósito en ello, siempre estuvo.

 

Alcanzada para observarme en ella.

M U J E R  A G U A

 

No era cómodo. Todo era un mirar al diferente, como si ellos mismos se estuvieran mirando en el espejo, escapando a algo que les aterra, solo por confusión. Nunca hubo ningún monstruo, nada de lo que defenderse, nada más que los mensajes que ellos mismos se mandaban.

A pesar de no entender, ha ido viviendo, en torno a lo que eso traía. La diferente, y la que no habita en ella misma, porque pareciera que le faltan herramientas y piezas para superarse. Encontrada, en algún lugar, que no pareciera habitable por el resto de las personas. Que no podrían verla, porque simplemente ellos no estaban preparados para poder verse a ellos mismos.

Viniste con un espejo enorme debajo del brazo para saber que era sentirse diferente, para encontrar que ese era el medio para hallarte, para saber que siempre fuiste autorreferente, fiel a ti, y fiel a aquello que siempre estuvo entregado para ser visto.

Pareciera que quizá, tenía que expresarse como todo aquello conocido, porque así perduraría la tranquilidad, la seguridad, el ser vista como todos, el ser reída, acompañada, adherida a algo conocido, porque tal vez salirse del camino era algo muy imposible de imaginar, si era la valoración del afuera la que hacía de su brújula.

Cuando se permitió a sí misma estar en tal nada, simple de vacío, en tierra de nadie, en tierra no habitable, nada más que en aquella entregada a un nada, se vio entera.

Nada tenía que sostenerla. La Nostalgia aparecía como un circuito lleno de nada mostrándole el camino.

Lo que aquellos pensaran de ella, no eran ellos mismos, era todo aquello que había sido construido por el hombre, lo que podría aterrarle, lo que podría confundirle. Aquello que hacía que otros la confundieran con algo que no era ella misma, era eso mismo que hacía que ellos mismos confundieran su propio origen.

 

Probablemente desapareciera, no le importaba, porque eso que había creído ser, ya no era. Se dio cuenta que esa capa que la envolvía eran todas las mentiras que ella misma había ido almacenando. Justamente se vio en la valentía de perderse, totalmente.

Perder la valoración del otro, rendirse a ver algo mucho más grande que el límite de su propia piel. Algo tan grande de lo imaginado, que le permitía verse, ver al otro, Ver. Nunca antes pudo reconocer se mejor. No en sus límites que ella misma conocía, sino en otros que nunca imaginó.

Esos límites, en los que tanto temió quedar abandonada, por las miradas y prejuicios de los demás, era precisamente, las coordenadas que la acogerían. Eran esos límites donde se veía, donde siempre se ha visto, solo que la causaba t-error manifestarlo. Darse cuenta del todo. Perdonar esas partes de sí misma, e integrar todas sus piezas con las migas que ella misma se había ido dejando.

 

Hoy, la mirada del afuera, no es la mirada a valorar, es una interferencia, maravillosa brújula para observar donde hallarse. No hay nada para lo que defenderse de ello. Porque simplemente se manifiesta una brújula. Ella sabe donde hallarse, esa es su seguridad. La lógica de hacer hueco a la intuición que siempre se ha sabido.

Le produce una ternura infinita verse totalmente, entregada en su error de haberse sabido así, y ahora verse completa en absolutamente, su imperfección.

 

 

Considerar que el amor hacia el mundo, hacia el otro, está en permitir el movimiento dar y recibir, el amor hacia uno mismo permitiendo la nueva versión de todo y en todo. La nueva versión de mí misma en cada instante. Lo nuevo que me abre puertas a un amor totalmente inimaginable. Y ahí, me sorprendo yo misma gestionando este nuevo devenir. Al igual que la hermana tierra, que gestiona su abono, yo misma habito mi terreno de experiencia permitiendo el abono de mis potencialidades.

 

El amor me abona el instante, del mismo modo que las hojas caen y brota la nueva hoja.

 

La gestión que hago de mi propio devenir es la gran llave que he estado buscando todo el rato. El mismo tránsito que, en mí permito y dejo transcender sobre mí, es aquello que me abona. Nunca estuve lejos de saberme, nunca estuve lejos de saber que yo misma habitaba el mundo. Nunca estuve lejos de hallarme en el otro, nunca estuve lejos de mirarme al espejo, de repetirme lo mismo una y otra vez, de dejarme mensajes, miguitas de pan para ahora realizar el viaje al revés. Nunca estuve lejos de saber que ahora, era momento de poner otros elementos en la fórmula, para saber que era momento de hacer otro paso diferente. Y atreverme a soltarme, de todo. De tu valoración, de mi sentirme segura al lado de un conjunto de personas que hacen lo mismo, de tu integrarme en el mismo grupo, de tu entenderme, de tu amarme, de tu quererme, de tu saberme moral dentro de tus valores, de tu ayudarte y sentir mi utilidad..... todo eso es lo que creo yo misma. Suelto mi creencia y permito que el tránsito me habite.

Atreverme a soltar absolutamente cada una de todas esas cosas, y en el soltarme, ver correr el abono tan amoroso que me habita, para permitir el tránsito que me lleva a mí misma a algo diferente, que nunca estuvo antes, que ahora aparece como nuevo. En aquello nuevo en el que siempre estamos, en la nada, sostenida y habitada. Nostalgia y ternura.

 

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