Palabras con soles disponibles (parte 4)

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Escucha cada palabra que te dices, está ahí lo que esperas sentir. Esta ahí como algo inesperado que junta y tira aquello que sabes que sobra, porque fuiste capaz de transitar el tiempo durante años.

40 años van y traes la aventura para ti creada de la nada. Tu mejor día, será para ti, volcada en las nubes que se mueven, van y vienen sin esperar, son cada momento que las miras con otros ojos inesperados.

Vuestro gozo inesperado del camino está ahí, sin más.

Pulsa otra vez, no dejes de hacerlo, así vivo en tí, dejando Ser, sin esperar nada que te aprese. No hay nada, eres libre siempre lo fuiste, dentro de este juego. Un juego con tiempo para experimentar, mirándote por varios momentos diferente, pero siempre el mismo, moviendo la mano, un lado y el otro, tirando de ti, para encontrar una y otra cosa olvidada.

Aclarado el camino voy sin más. Retira tu mirada, deja que salga tu vista consciente para entregar aquello que ya no utilizas.

Es momento de considerarlo. Aplaza lo que tengas, déjalo ir, no fuiste nada, dejalo ir. No fuiste más a lo lejos de lo que creíste aparecer, estabas ahí quieto esperando el momento de adelantar la vista para retirar el velo. Para saberte esperar, conociendo el triunfo de volar las nubes, que te esperan para reunirte con ellas en el vacío del espacio. Se mueve y lo sientes ya, volcado en una brisa del camino, tirando de ti para saltar al vacío de aquello que cae. Pulsa la entrega de saberte volar.

Nunca fuiste necesitado por alguien, buscaste la manera de encontrarte, tan solo eso. Tirando de carros vacíos realmente. Tirando fuerte de la cadena que te volcara adentro. En la mirada vertical estás encontrando la llave para subir estadios de conciencia que te pulsan a ti, adentro del camino. En la mirada horizontal, nube y tormenta, todo a la vez, surcando por aquello que fabricaste para ti y que otros creyeron, fábulas y mentiras, creadas y adornadas con guirnaldas y gorriones que respiran dulces y trinando.

Considera que estás aquí. Tierra y mar te rodean, eres y vas aquí.

Cantas dulce y sales de la voz junta que te ampara, y de la voz que te rodea, con el fin de subir aquí. Aquí donde solo estás.

Vas asumiendo aquello que rompe y acompasas el camino de trazar el plan sin plan.

Trinando fuerte como el pájaro que habitas, mirando el campo, todo cambia. Se mueve, parece no esperar, solo moverse, trigales alrededor buscando buscando. Ya no está, se movió, se fué, ya viste que no era, sino Es.

Cada día te lo dije para que conocieras tu voz, aquella que te decías en aquel momento. Ahora te puedes ver, cómo interpretabas mis palabras, lo que te dijiste en silencio, fuerte a voces, tirando de la lengua sin conocer más e inventando cada palabra, para así intentar conocer aquello que aún no recordabas.

Fuiste, recuerdas, eres, conoces, sabes fuerte que está en ti cada nota de esto que te digo. Conoces la labor de estar, creada para conocer.

Tirada aquí te dejo, tirada lo que ya sabes que ya no es, déjalo caer y vente. Transmuta la mente, baja de allí donde te subiste. Ya no sostiene el Sol ni la Luna que creaste para ti.

Ahora es todo aquello sin hacer nada más, tan solo estar, tan solo tienes que estar allí. Viniste a verlo más de una vez, y lo conoces. Vuélcate aquí, dejándote caer.

Tomate el tiempo, úsalo, para ti, para conocer la mirada que te lleva a ti mismo. La mirada que necesitas usar para saborear el instante. Los ojos que acechan, que esperan a ser tratados de nuevo, como si tuvieran puertas para adentro de uno que es buscado y encontrado. Cada día, minuto a minuto, buscado y esperado.

Va y viene, ya está aquí en la espera del momento, está presente, consciente de sí dentro del todo, tirado ahí, símbolo de nada.

40 años instalado para converger, quizá antes no te oías, ahora estás aquí. Soltado y entregado.

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