Palabras con soles disponibles (parte 3)

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Tronco recto y uniforme que aparece en el horizonte, muy alto y dirigido hacia la nada donde te acechas. Observamos un camino de vuelta para adentrarnos en nosotros mismos donde siempre estuvimos.

Aquí, unidos, presentes, volcados, acechados, sumergidos en el mar, volcados, enfrascados, mirados por cada uno de nosotros, sentidos por cada uno de los vuelcos del corazón que nos acompaña. Mirados por la lechuza de la noche que acompaña las noches de búsqueda del adiós, del por qué, y del triste hallazgo de no saberse, de no saborearse genuino.

Porque es mitad de uno considerarte tú, volcaste todo en uno y no pudiste ver el instante donde todo apareció, en ese espacio, en ese cero, en esa nada.

Trigal cálido, una quietud asalvajada, puesta ahí para saberse conocida. A la noche atraída, tirada de manos unidas, subidas a un lomo de bosques encantados. Mundo real el que no te imaginas que está presa de tu mirada. Buscas cada momento como si fuera un cervatillo asustado que escapa del instante. Preso de tus palabras, de tus miradas, buscando una tregua. Ahí la tenías, mírala.

Mírala con otros ojos lógicos esta vez, no esperes lo mismo, soy nuevo. No me conoces si lo intentas o si lo pretendes, soy nuevo si sabes dejar conocerme, porque sabes que tú vives en mí. No soy desconsiderado con tu presencia, pues fuiste para mí tanto como tú para mí, todo.

Cada día sabes seguirte los pasos, volcados en el aire, con sonidos envolventes del instante, pulsas por aquí habitándome, dejando que salga el Sol junto a la Luna, nuevo horizonte pasa por ti, considerando no atraparlo, más que sentirlo cierto, contiguo a todo.

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