No hay un compromiso entre el tiempo y el sonido

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D I A   9 6   - 2 6 9

 

No bajar la velocidad.

Para verlo no tengo que bajar la velocidad, me propongo aceptar la que de verdad hay.

 

Desde pequeña he sentido cierta sensibilidad a los cambios de ritmos, los propios, los de otros, los de otros seres vivos, los de la tierra bajo mis pies, los de los seres inertes, los de la Tierra. Para expresarme, siempre he sentido cierta sensibilidad desde donde nacían mis palabras expresadas, pues he tenido la vivencia de que se entrecortaban. Con ello, las personas de mi contexto me decían que debía tomar oxígeno, tranquilidad, seguridad en mí misma, identidad concreta, tomar tiempo, bajar la velocidad,… todo eso para hablar fluido como se supone que se debe hablar. En cualquier tipo de espacio, incluso el terapeútico, el que podía mejorarme, era y es el mismo patrón.

Tomar un ritmo impuesto, bajo o alto, sin quizá tomar constancia de que la velocidad real de uno es mucho más rápida del que pudiéramos imaginar.

Que nuestro ser es otra cosa bien diferente de lo que ven nuestros ojos.

 

Lo curioso que he ido viendo en mi camino, es que si me dejo tomar velocidad, no es que no haya fluidez, es que ves la viveza, sin más planteamiento de nada. Más que asumir tu autorreferencia. Toda mi vida lo he notado. Solo que ahora me doy cuenta de su conectividad.

He notado en mi interior que si me permito un espacio habitado desde mi autorreferencia, ajustada a un real ritmo, es otra cosa totalmente diferente a lo que pueda proyectarme.

 

La simpleza de los ritmos, ahora que tanto nos abrimos a ver de qué se trata, no se trata de bajar la velocidad, no se trata de igualar a la baja, desde donde todos podamos notarnos iguales, en un mismo ritmo, en un mismo nivel, sin darnos cuenta del calor que supone estar en un mismo nivel con siempre un mismo techo y una misma tierra que pisar.

Es permitir que cada cual articule su propio espacio, coloque el abrir y cerrar de las puertas, una membrana que permeabiliza desde su autorreferencia.

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Escabullirme hacia las pequeñas cosas de la vida, he ido viendo que no consiste en aplicarme un ritmo a la baja. He ido caminando, y en el darme cuenta, he visto que se trata de escuchar. Ver donde tengo colocado la aplicación de un ritmo propio en mi día a día. Hacerme preguntas, desde mi verdad, mirar, mirarlo, donde lo tengo situado.

Desde ahí, me he visto en el apresar una rutina para lograr un resultado situado en mi cabeza, y hacer tretas de magia para tratar de proyectarlo. También desde ahí, he visto como exploraba la belleza de pararse y meditar con sonidos chakras, donde sonara tan romántico. Lo curioso, es que ahora después de haber explorado varios caminos, no tengo necesidad de darme más tiempo para averiguarlo desde acompañar cierto o cual diseño. Puedo verle el patrón. Y enterarme.

 

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Porque siempre la realidad se anticipa.

SE.

Y ahora nos damos cuenta de que siempre hemos sabido.

Ya no más limitación al diseño de turno, ni pudor de cómo nos opera la velocidad, la realidad anticipada.

Ahora podemos ver la conectividad de todo eso y vernos sabiendo. Y que todo sea.

Desde la escucha puedo enterarme. Abro espacios donde antes ponía cosas, pasos y rutinas.

Ahora abro y vivo.

Abro espacios al asombro, pues no tengo ni idea de qué surgirá en la mirada disponible.

 

 

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Estoy aquí, en esta elección.

Tiempo para mirar, tiempo para ver, tiempo para que el vacío nos encuentre.

 

 

#dialogocreativo #comunicacioncontucentro #desdeelvinculo

Te cuento más por aquí la propuesta para dialogar..

 

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