Meditación conmigo misma en cuarto lunar menguante

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Aquí comienza otro nuevo viaje.

Estar en modo viaje es lo que más me gusta hacer. Dejar que las cosas se encuentren en un estado de viaje. Hay mucho amor en disponerse así. Dejando que se muestre como quiera y con la inocencia de observarlo y acogerlo.

 

Esta era la idea desde el principio. De alguna forma ha recorrido lo que iba necesitando quizá para este momento. Habilitarme cosas que quizá iba a necesitar para mi viaje de ahora. Recuerdo como algo muy propio la elección del viaje del sentir. La conexión con algo muy real. La disposición a que todo tomara un estado de viaje. A que todo lo que pudiera suponer, mi estabilidad y mi definición, tomara el estado de viaje en movimiento. La soltura, la trama de colocarse en un viaje que te abre, que te dispone a algo más que tus creencias, que te rompe los estados hacia un lugar que no es un estado pasado, ni futuro como tal, sino que te coloca muy presente.

 

Ahora pienso en todas las habilidades que he ido tomando para moverme ahora, habilidades que iban a ser necesarias ahora. Por ejemplo, aprender una manera propia que me puede servir a mí. Implicarme en dar prioridad a incluir maneras únicas, meditaciones únicas conmigo misma, que se mostraran más claras para mí. Maneras de pintar nuevas, que sepan mezclarse, que sepan sumar y aportarme un viaje nuevo con nuevas perspectivas cuando así lo necesitara. Un proceso que tuviera vida propia y que realmente lo dejara hacer.

 

No lo sabía mucho entonces pero la resonancia es la misma. El chispazo en todo mi cuerpo. Escucharlo y sentirlo y ver como todas mis células hablaban con algo mucho más grande que yo misma. Y como yo en alguna parte de mí dije Sí y me ha ido tomando el viaje.

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