Hay posibilidad.

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Es posibilidad.

Hoy he despertado con el humor en la membrana. En aquella membrana donde puedo ver lo que hay afuera de mí. Donde se abre una mirada, afuera y adentro. Y se me han erizado los pelos como a un gato cuando ve algo que no le gusta. Me ha venido el pensamiento a buscarme y me ha contado su historia. La que lleva en su vientre. Que lleva dudas, que lleva rabia, que lleva miedo. Y con todo eso enciende una hoguera.

 

He recordado a la Tierra, como esa gran amiga que te recuerda cosas de tí misma que en ese momento no recuerdas.

 

“Levántate envuelta en tus propios abrazos, porque los tienes para usarlos.”

 

Son brazos que cultivan, que riegan y siegan. Son montañas que dan sombra y proporcionan nubes para beber agua. Son esos brazos que ahora mismo hacen que te prepares el desayuno con un café gustoso porque sabes que puedes. El que te ponga nerviosa el café es cuando no te das cuenta de los brazos que lo hacen. Ahora lo sabes, y te dejas observar junto al café y tu cuerpo. Los dos juntos, dialogando. Son los mismos brazos los que friegan los platos. Son los mismos con los que te cepillas el pelo y dejas que el aire entre entre cada mechón, para dejarlo poroso, como a tí te gusta.

 

Y por el suelo, hay cosas caídas, dispuestas a hacerte perder el equilibrio. No sostengas el equilibrio, dice la Tierra.

Ahora, no hay equilibrio que perder. No hay batalla porque ya hubo pérdida.

Y así, las armas sirvieron para lo que de verdad tienen de propósito.

Tal como dijiste, Tierra. Lo estoy haciendo. Veo ahora la membrana y veo algo diferente.

 

Veo, desde mucho más arriba, y ahora el barro en el que me quedo bloqueada me sirve para abonar mi piel. Y así, entre los cachitos de amor que nacen, dejo que nada esconda. He recordado que soy terrestre, al igual que tú, que mi mirada es limitada pero no por eso no es nutridora como toda tú, Tierra. Que cuando me creo tan solo una parte, y estoy ignorando otra, me estoy haciendo camino para acoger la intensidad del nutrir.

Y, el potencialidad se queda esperando en la creencia, hasta que yo sea capaz de adentrarme en su pérdida.

 

Para, entonces, vivenciar mi entrega.

Perder mi creencia, y dejar que lo que es, viva.

 

Es entonces cuando me recuerdo, cuando te recuerdo, y aparecen las llaves que abren y cierran,

y me muestra las reglas de este juego.

 

Es lo mejor que he hecho en mi vida, bloquearme, y lo digo con toda mi entraña.

Gracias a cada uno de mis bloqueos.

Cuando les veo esqueléticos y sin riego sanguíneo, me recuerdo que hay mucho más en esa mirada. Hay posibilidad. Hay intensidad. Hay más sobre ese mar que estoy tratando de mirar. Hay más sobre ello, mi mirada es mucho más enorme de lo que quiero creer, todo es más que la mediocridad con la que puedo haber estado jugando tanto rato, y que ya queda corto. Y que ahora, se trata de una conexión real, todo y nada. No hay tiempo de juegos, es real.

Conexión real entre todo y nada.

 

Ya me digo a mí misma, “ya estoy aquí, despierta”, activada y disponible para descargar toda la enormidad que nos transita,

y, ahora, miro otra vez.

En este instante, veo más amplio. Donde había esqueletos sin riego sanguíneo en cada uno de mis bloqueos, veo desfases del tiempo, veo piezas de un puzzle, y cada una de ellas se saben puzzle, veo membranas de células que me habitan, que posibilitan mi existencia. Cada una de ellas hacen que esté viviendo¡¡ Veo humanos terrestres que abonan la Tierra porque se saben nutridores. Veo mis propios brazos abrazando, porque se saben partícipes de esto que habitas, Tierra. Veo un patrón natural de la vida que está empezando a encajar y, que en el mientras tanto, observo de qué se va tratando.

Y ese patrón natural está vivo y nutre. Porque, como tú, esta vida, es nutridora.

 

Principito, gracias por existir, pero ya no me habitas,

me habita la Tierra.

Ya no hay hombres en pedestales. Estamos uno mismo aquí despiertos para observar nuestras propias respuestas. El nutrir no se basa en luces externas, el movimiento no es de afuera a adentro, el movimiento que integramos es el que es, es irradiado.

 

 

Puede que nos apriete, nos pellizca toda la incomodidad que podemos estar sintiendo.

Estamos yendo al fondo del punto.

Hay posibilidad.

Hay una nueva forma de verlo, hay generación de cuestionarnos preguntas, convirtiéndonos en el proceso. Y que nada externo, que podamos estar validando, nos quite la posibilidad de vernos en el merecimiento de contestarnos nuestras propias respuestas. No quitemos la legitimidad a la Tierra, no quitemos la legitimidad de la realidad, no nos quitemos nuestra legitimidad a nosotros mismos.

 

Nos estamos mostrando qué tan profundo es el amor. Esta vez, ahora, sin velos, amamos.

Amamos en el punto exacto, aquél donde la imperfección se muestra, y que es lo que me hace amarte.

Amarme.

Amar.

 

 

Guardar

No hace falta más historias, ahora puedo sentirme. Puedo vivirme y vivenciarme con lo que observo por debajo de esta superficie, debajo de esta forma. Me estoy mostrando cuanta enormidad, intensidad y realidad hay en la entrega.

 

Porque si resueno con la vida, es porque estoy aquí porque quiero entregarme.

La realidad me recuerda qué hago aquí.

 

Hay posibilidad.

El diálogo se muestra.

Hay vibras.

Hay bloqueo.

Hay un despertar.

Hay membrana.

Hay posibilidad.

Hay comunicación.

Hay realidad.

Hay intercambio.

Hay Tierra sabiéndose Sol irradiando su brillo.

Un comentario

  1. Virginia de la Calle
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    Wowwww! Me encanta como a través de tu dibujar transmites ese de dentro hacia fuera…. ese irradiar…. fantásticos trazos, letras y compartir! *GRACIAS MIL*

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