Fotografía de Virginia de la Calle.

 

Me gusta rodearme de gente consciente.

Me gusta hacer las cosas de manera distinta.

 

 

Expresarme en modo viaje es lo que más me gusta hacer. Dejar que las cosas se encuentren en un estado de viaje. Hay mucho amor en disponerse así. Dejando que se muestre como quiera y con la inocencia de observarlo y acogerlo.

 

El Viaje del Sentir es una herramienta de apertura.

Un espacio dedicado a la conexión dada por la Tierra y el sentir que tenemos disponible.

Si estás leyendo ésto, nos estamos conociendo en un momento que estamos aprendiendo a incluirnos. Observarnos y trabajarnos la energía de la Tierra, de una forma práctica hasta nuestros cuerpos, y esto reinventa un nuevo tiempo lento en mí misma desde cero.

En mis viajes del sentir me gusta visitar mi útero. Entender que los proyectos se paren.

Por eso, conectar tu parte creadora con la mía, es tan brava.

Cada persona es única, y el proceso de comunicación y sentir que nos ofrecemos con cualquier herramienta que tengamos entre manos, es único, suficiente e indispensable, para que nuestro viaje se muestre. Por lo que, cada viaje, se abre en la realidad y requiere de nuestra presencia.

Me encanta que eso es simple y natural.

 

Mis pinturas nacen de errores. 

 

A lo largo de mi autoeducación con diversas herramientas de pintura, me he dado cuenta que me apasiona conectar con aquello que quiero hacer consciente y comprender en mi día a día.

 

Me gusta que esos errores encuentren su espacio y se vean. Lo siento como una especie de certeza, la cual me hace sentir mucha calma y confianza, cuando encuentran apertura para ser vistos y vivir, encontrando todo lo que necesitan para transformarse.

 

Así, con tan solo predisponerme a querer conectar, puedo contactar con las herramientas suficientes para, de una forma simple, abrirme a un proceso con diversidad en capas y en diferentes tiempos sincronizados. Y en ese diálogo, que aparentemente parece no tener un sentido, se hace práctico y funcional para el viaje que tengo entre manos o que aún están por desarrollarse.

 

Mucho del sentido de todo esto, lo veo en encontrar una oportunidad de un diálogo conectado en todo aquello que nos pueda rodear. Y si de verdad uno quiere conectar, uno va aprendiendo a acoger sus preguntas.

 

 

Me he ido dando cuenta que con mis pinturas colaboro en dar la bienvenida a nuestro propio proceso consciente.

Y eso me encanta.

 

 

 

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