La custodia del mostrar

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D I A  D E L  A Ñ O  1 8 2

 

Has cambiado, has integrado en un 8 lleno de ondas que se meten en tu interior con todo lo que va y viene, creando el dinamismo que te hace entrar en tu propósito. Tu energía estuvo allá entonces disponible, te faltaba un propósito, aquí está. Solo supuso hacer un giro de 360º en aquellos sitios donde no estuvo tu mirada hasta ahora. Ahora ya puedes acechar el curso de tu vida, agazapada tras la nube de polvo que no te dejaba ver, ciega ante lo que te hablaba. Ahora estás. Pareces escuchar. Gozosa de hallarte. Vas como nunca antes convertida en alguien que sabe que juega a este juego de salir y entrar para soltar cuando quieras adentrarte en otra cosa. Nunca fue diferente. Pero ahora lo ves.

Te hablo yo o me hablas tú, es lo mismo. Te das cuenta. Lo sabes. No trates de pillarme y entenderlo. No te lo creas. Va por libre, y así te hayas. Libre. Comparte lo que dices, aquí y ahora, gustosa de hallarte, volcada en el adentro, como es arriba es abajo, como es afuera es adentro, solo con tu giro puedes integrarlo en un 8 lleno de ondas. Traza la línea que te lleva.

Compañía de baile transitado para ver cuando tienes una luz en tu pecho, viéndote en espejo tu danza, cómo mueves tu biología, cómo sienten tus caderas, te miras al espejo y te ves. Me ves.

Lo ves.

Escucha. Suena. Tronando. Hacia adentro, expulsa, saca, conmueve con tus dedos aquello que pueda vibrar, no le dejes dentro, saca. Acompaña, suelta, dejate suelta, comparte, quita de enmedio aquello que no te deja soltar tu melodía. Confunde con funde, no quieras cogerte de la mano y no soltarte. No me cojas de la mano, tan solo gustate, truena, vibra, deja que salga la melodía. Quizá anoche quisiste verme. Ahora está el día creado para ti. Ayer estuviste conmigo, ahora estás para ver a través de tus ojos. Mis preguntas con tus respuestas, unidas en la vibra de ésto que resuena en el alrededor. La música suena. Cuando tengas que decirme algo, alza la voz. Suave te escucho ahora. Tú hablas.

 

La mujer comienza a hablar. Le pide explicaciones. Le pide que la envuelva en un abrazo. Tan solo quiere saber qué se siente. La mujer siente su sensibilidad en el tacto de su mano en sus brazos. Cómo la mira, ve sus ojos en él. Las miradas. Quiere que la mires. Quiere reconocerse en ese espejo. Tan solo quiere saber quién eres, quien es ella. Quien es.

Esa mujer y ese hombre son lo mismo. Una sola voz que alza la voz. Quien soy? Quiso saber qué se sentía si dejaba que esas manos le cubriesen la piel, dejando que sus dedos se deslizaran por su vientre. Dejar y soltar cada aliento por su boca. Buscando gozosa el aliento de él, para sentir su dinamismo, en su energía, volcada en los besos que él gozaba en sus labios.

Volcada en ella misma. Ella. Energía. Volcada en un propósito. Saber. Tú y yo fuimos siempre lo mismo.

El hombre comienza a hablar, te lanza miradas rápidas, gritos de guerra como de auténtica soledad que duele, nunca comprendido, te fuiste lejos, no entendía nada. No sabía que hacer. Tan solo surcaba los mares, las tierras, buscándote, energía para unir a su propósito, labios para ser besados. Contemplarte y saberse, reconocerse, tranquilizar esa búsqueda eterna. Cuando no sabía lo que hacer pensaba en ti, soñaba con tu cara,... te dibujaba en mi memoria, te vi con infinitas caras, trazaba líneas hermosas dibujando tu silueta. Te imaginé de mil maneras, cree mil colores para poder encontrarte, cree mundos para tan solo encontrarte. Encontrarte.

Dialogáis juntos, es vuestra misma voz que tiene tantas vidas que contar. Supuestos a una misma esencia de ser, probablemente encontrada en la entraña de vuestro habitar en la vida.

Duele, hoy duele me dices. Hoy duele. Quizá antes de que lo supiérais estaba la mirada de un pasado que observaba callado porque sabía cosas que no podía contar sin entenderlas antes. Esperaba su turno. El turno ha llegado. Es momento de poner en común las informaciones como un 8 con ondas, integrando.

 

Sincronización de un ritmo de la tierra, de un palpitar de tu corazón, de una onda de conciencia. Sin tiempo, solo un estar, todo a la vez. Suena, una vez, otra, otra, otra. Una y todas a la vez. Otras van y vienen. No trates de entenderlo. Dejalo suelto.

Esquiva la mente si te apremia. Quizá antes nunca quisiste entenderlo pero ahora no puedes evitarlo, está ahí. Pareces tomar la rienda de la vida cuando antes nunca, antes nunca. La vida la tomaste siempre, solo que un nunca aparecía con otros ojos montado en tu mente. Ahora puedes ver ese nunca de otra manera, con un giro de 360 º. Lo ves. Apareció ante tus ojos.

Miras y cantas. Cantas bello aquello que ves. Siempre contaste historias de lo mismo. Se une aquello de antes y aquello de ahora con todo aquello que será. Porque has elegido un camino único donde adentrarte en la toma de conciencia de ti, de tu unicidad para con todos aquellos que creaste en tu percepción. Creado de la nada para la nada. Aquello que siempre estuvo custodiado por tu mente para aquello que es inabarcable. La barca zarpa con todo y nada a la vez, siempre va y viene, cuidando de soltar todo aquello que supone atado, porque a la deriva va y no necesita de nada más que de tu soltar. Asi que no te ates más, no hace falta, custodia el dejar ir, no custodies cada palabra, dejala suelta. Asi vibra alto y claro para ser escuchada, recogida y soltada de nuevo. Para entender aquello que no necesita ser entendido, solo ser observado para acoger y soltar en un paso y otro que tú camines, trazando el surco del cuenco habitable para ser.

Escucha lo que tratas de decirte a tí misma, eres tú hablándote. Cartas para tí misma. Así lo has dicho, así es. Custodia.

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